STANISLAO

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Refugio APANOT Tenerife

domingo, 12 de mayo de 2013

VITO, ¡adoptado!

VITO llegó a APANOT en agosto de 2011. Lo habían dejado atado en el árbol que está por fuera de la protectora, junto a su compañera de fatigas, Susi, físicamente parecida a él pero totalmente blanca, y de las mismas dimensiones.

De tamaño extra grande y con un corazón directamente proporcional a su corpulencia, VITO estuvo poco tiempo en un jaulón, ya que su extraordinario equilibrio, su carácter impecable y sus dotes para defender y proteger a todos sus compis, enseguida saltaron a la vista. Así que pronto gozó del privilegio de vivir suelto, y los jaulones los veía desde fuera. Su misión, velar por todos los peludos de APANOT.

Pero el papel de VITO en el refugio iba mucho más allá de ser simplemente el mejor cuidador. Él se ganó el premio al mejor padre, al mejor abuelo, al mejor amigo, al mejor hermano, ¡al mejor! Compartía ratos con grandes, con pequeños y con cachorros, pero especialmente con su gran amigo y compañero fiel, Hércules.

VITO no era el favorito de nadie, simplemente porque VITO era el favorito de todos... El que nos daba la bienvenida, el que nos despedía, el que compartía con nosotros todo, y el que se comía los codos de nuestros bocatas. El que había aprendido solito a ser obediente, a sentarse, a esperar su turno y a colarse en el corazón de absolutamente todos nosotros. Era perfecto porque sí, desde siempre, sin habérselo enseñado.

VITO ya feliz en su casa
Hoy, en la jornada de voluntariado, APANOT amaneció sin VITO. El vacío se respiraba en el ambiente, y es que VITO ocupaba demasiado... Un espacio que posiblemente nadie ya pueda llenar, y que ahí quedará para siempre en forma de momentos, de recuerdos.

Y aquí, mientras nosotros hablamos de vacíos y de huecos, VITO está repochado de lo más feliz en su casa, en su hermosa terraza, rodeado de un gigantesco jardín, de más hermanitos perrunos y gatunos, y hasta de aves. VITO se nos queda cerquita del refugio, con una fantástica familia alemana amante de los animales, donde el respeto hacia los peludos es una lección que no necesitan aprender, porque les viene de serie y les nace del corazón.

Echar de menos es inevitable, pero jamás debemos olvidar que la lucha por su bienestar acaba justo así, y que ésta es la recompensa a todo el esfuerzo que Karmen, Nils, los voluntarios y todos los seguidores de APANOT realizan cada día con tanto empeño, ganas e ilusión.

Y nos despedimos del emblema de APANOT contentos, porque los finales como éste son un gigantesco impulso para continuar.

¡A SER FELIZ!